La ciudad se convierte en la escena para historias de
desarraigo y marginalización. En su recorrido por las calles
y plazas, el protagonista se enfrenta no solo al deterioro urbano, sino también al vacío existencial que consume a aquellos que,
como él, han caído en el borde de la colectividad. Es la
reflexión sobre la pérdida, la alienación y la fragilidad humana en
el lugar que, en apariencia divertido y vibrante, guarda en sus sombras atroces historias que rara vez salen a la luz. La narración desnuda a la ciudad de su brillo turístico y delata su lado más sórdido: las relaciones humanas son fugaces y la violencia está al acecho.