El perro y la mujer se anudan de otra manera, atribuido el papel de la mujer, el que le han colocado y contra el que ha de luchar. Establecido como no lugar, como no verdad de la verdad viril. No es que se apele a parte de las características y otros ladridos del domesticado perro a fin de ilustrar qué es la mujer. Se apela a la mujer para esclarecer la naturaleza del perro porque, en definitiva, el perro es la mujer. Hay aquí clarividencia en la queja a la vez que la inutilidad de articularla. El perro expresa la verdad al no expresarla porque no habla. El perro, ladra. El humano, que habla, no expresa la verdad, atrapado en los lugares comunes del lenguaje.