Al llegar al lugar donde se hallan, el hombre que huyó del Este no tiene certeza de que todavía le espera el peor de todos los vacíos. No es conocedor de que la adulterada democracia tampoco es la solución de nada en esta existencia cruel. Ella conoce la realidad en la que está atrapada; al encontrar en él otros horizontes cree ver de nuevo el modo de dar rienda suelta a lo voluptuoso ilimitado. En la enorme fascinación que entraña la topada entre dos animales provenientes de naturalezas tan distintas, este hombre y esta mujer no intuyen lo fatal que resultará.